Enrique Symns – “Destilando Veneno”

“Portada de una de las tantas ediciones de ‘El Señor de los Venenos‘”
Portada de una de las tantas ediciones de ‘El Señor de los Venenos‘”

A continuación, las duras y controversiales palabras de Enrique Symns sobre los Redonditos de Ricota, extraídas de su autobiografía titulada “El señor de los venenos“. El siguiente es un extracto del capítulo denominado “con los ojos ciegos bien abiertos”, procedente de dicho libro:

El ser humano no es como la perca, ese pez inverosímil que convive con sus antepasados más antiguos. El hombre necesita eliminar a los testigos de su pasado. Los Redonditos de Ricota, con una escrupulosa crueldad, nunca reconocieron ni económica ni artisticamente los esfuerzos de docenas de músicos, actores, plomos, técnicos, personajes del underground y hasta cocineros, que los proyectaron como la gasolina de un cohete sobre el espacio masivo. Amigos para la conversa, pero con el billete en la caja fuerte.

No son poetas, son cuentapropistas. No son aprendices de Artaud sino clientes de Versace. Generalmente, los rockeros gastan el dinero del mismo modo que cualquier integrante de la secta millonaria a la que incluso denuncian en sus canciones. Piletas de natación con cámaras de video en las puertas de sus casas para espiar los bolsillos del visitante. Los mejores vinos y las peores compañías; no es la soledad del corredor de fondo sino el apuro solidario de un ahorrista preocupado por los porcentajes.

Skay

Tal como lo hizo William Burroughs, Skay, millonario de nacimiento, abdicó de la fortuna familiar y fue el más desinteresado en cuanto al éxito comercial de la banda. Recuerdo, sin embargo, una embarazosa conversación en el bar Británico, en los últimos tiempos de nuestra amistad, cuando ya se presentía la llegada de los millones.

Yo le preguntaba qué haría con el dinero. ¿Iba a malgastarlo en sí mismo o a invertir en la desesperación de los demás? Skay dibujó en el aire una idea alocada pero que parecía brillar con la verdad en su mirada: “Quiero comprar un lugar, algo así como un pueblo para todos nosotros”.

Por supuesto que ese pueblo jamás se construyó, son ilusiones del viajero que se aproxima al puerto y que ni siquiera sabe que allí anclará sus sueños y merodeos turísticos por la utopía. No sé dónde tiene su dinero Skay; seguramente lo esconde como las urracas ocultan el producto de sus saqueos.

Indio Solari

Al Indio, en cambio, que se definía como un tanito desesperado con alma de pobre, siempre se le notó el soutaque de la ambición. Se reflejaban en su mirada el anhelo por el sabor de los buenos quesos y el brillo de los vinos caros; siempre se vio a sí mismo abriendo la puerta de la disqueria donde iba a comprar los 200 discos que haría girar en su cerebro durante 500 inútiles días rodeado de guardaespaldas que juegan al pool con sus escopetas. Siempre fue un agricultor soñando con el progreso de sus cosechas.

La Negra Poli, en cambio, permaneció igual, tanto en su reticencia como en su ambición. De ella guardo el mejor recuerdo. A pesar de que los peores guisos de la miseria se cocían en sus acciones, de su descaro al atentar contra las razones de los demás y de su desprecio absoluto por aquellos que la ayudaron a alcanzar el éxito, siempre hubo en ella una zona oscura y sin modales.

No por nada fue la Negra quien dijo, en una conversa de hace muchos años, esa frase que a todos nos traviesa y que nos perseguirá hasta el final de nuestras vidas: “Puede ser que olvides los sueños, pero los sueños jamás se olvidan vos“.”

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